Sesenta años después de su primera aparición robando gallinas en una tira cómica de la revista chilena Okey, Condorito está presente en 77 diarios de América Latina y EEUU, haciendo reír a sus lectores mientras reivindica la astucia de los chilenos.
Con rostro de cóndor -el ave emblema de Chile-, de carácter pícaro y con sólo dos enormes dedos en cada pie, Condorito nació como una respuesta a unos personajes latinoamericanos de la película 'Saludos Amigos' de Walt Disney, según contó su creador.
"El personaje nace como un representativo del pobre chileno, marginal, que llega de la provincia a vivir a las márgenes de la ciudad capital", explicó a la AFP Hernán Montealegre, autor de Historia del Humor Gráfico en Chile.
"Además incorpora varios de los símbolos chilenos. El cóndor, que está en el escudo nacional del país, su camiseta con el color de la selección y sus pantalones negros de campesino", agregó.
Jefe caníbal, pintor de líneas de carreteras, millonario de zapatos brillantes y hasta loco con ojos en espiral, Condorito siempre ha desarrollado sus aventuras en Pelotillehue.
Montealegre precisó que el sufijo 'hue' en lengua mapuche (etnia original chilena) significa 'donde abunda algo' o 'lugar de', y eso se suma al 'pelota', que alude al tonto. Entonces Pelotillehue significaría pueblo de tontos.
En este lugar están el bar 'El Tufo', el restaurante 'El Pollo Farsante' el santo 'San Guchito' y el diario 'El Hocicón', cuyo lema es 'pobre pero honrado' y fue fundado el 15 de noviembre de 1943, según se lee en su portada.
En Pelotillehue viven Yayita -la curvilínea y eterna novia de Condorito- y Doña Tremebunda, la madre de ésta; sus amigos como el borracho 'Garganta de Lata', el servicial Don Chuma, el inocente Ungenio y Huevoduro, entre otros.
Pelotillehue creció además con la modernidad: la clásica bebida 'Tome Pin y haga Pun' es ahora 'Tome Pin Zero, Zero Pun'.
Desde Chile, el 'pajarraco' -como lo llama su archirrival, el petulante Pepe Cortisona-, llega hoy a 13 países, incluido Estados Unidos.
Para su internacionalización lentamente fue dejando de lado los modismos chilenos, aunque se mantiene la esencia del personaje. "Ahora tiene un lenguaje neutro que permite que se lea en un país latinoamericano sin mayores problemas", considera Montealegre.