Mikel Abecia, ingeniero venezolano que sobrevivió al doble terremoto que devastó el estado La Guaira el pasado 24 de junio se pregunta si “¿habrá un propósito por el cual seremos guerreros de Dios en esta vida?”.
“Cuando llegué abajo, Adrián, le di gracias a Dios”, contó a Adrián Salonia, enviado especial del medio argentino C5N, que publicó la entrevista este domingo 12 de julio.
Relató cómo vivió el derrumbe del edificio de seis pisos en el que residía en el sector Caribe, en Caraballeda. Estaba en el penthouse, donde vivía. Permaneció atrapado durante casi cuatro horas y fue rescatado con vida entre los escombros.
Confesó al periodista que aún, a 19 días, duda sobre la razón por la que está vivo. Expresó: “La primera pregunta que yo me hice fue: ‘¿Señor, si me dejaste con vida a mí, por qué fue, cuál es la razón de vida?’ Porque realmente no, no había por qué, Adrián, porque un edificio que se te cae encima. ¿Por qué uno queda vivo, por qué otros no? ¿Habrá un propósito de vida, habrá un propósito por el cual seremos guerreros de Dios en esta vida? No lo sé, Adrián, no lo sé, esas son muchas preguntas que tengo que manejarlas, tengo que trabajarlas?”.
En ese sentido, aseguró que su experiencia cambió por completo su forma de ver la vida. “Indudablemente está la mano de Dios en todo esto. Debo tener un propósito de vida. No hay razón para haber sobrevivido. Solo sobrevivió menos del 5 % en ese edificio”.
“Como muchos venezolanos estábamos viendo los partidos del Mundial y comenzó el terremoto. Al principio me quedé tranquilo y me puse debajo de la viga de carga del departamento. Sin embargo, sentí algo raro, diferente”, recordó.
Desde una de las ventanas observó la escena que, según dijo, nunca podrá borrar de su memoria. “Tenía visual hacia otro edificio y esa es la imagen que me quedó grabada: verlo caer delante de mis ojos. Ese edificio absorbió al mío en lo que se llama efecto cascada. Sentí un gran vacío. Sentí que me iba”.
Abecia explicó que nunca perdió el conocimiento, aunque quedó completamente sepultado. “Sentí un gran ruido, polvo, golpes en mi cuerpo. En pocos segundos estaba en una gran oscuridad y no me podía mover. Lo primero que pensé fue: “Mikel, estás vivo. Tenés que salir de esto”.
También describió la desesperación de los primeros minutos bajo los escombros. “No podía respirar. Trataba de moverme. Tenía mucho peso sobre mí. Logré girar el torso y pude respirar un poco mejor. Ahí me tranquilicé y pensé que si estaba vivo era por algo y que alguien iba a venir a ayudarme”.
Abecia permaneció atrapado durante casi cuatro horas hasta que logró hacerse escuchar por uno de los vecinos que participaba de las tareas de rescate.
“En un momento sentí a alguien gritar el nombre de mi vecina. Le reconocí la voz y empecé a gritar para que me ayudara. Escuchó mi voz y me dijo que me tranquilizara, que no se iba a ir hasta rescatarme. Ahí volvió la esperanza de vida. Empezó a sacarme los escombros de encima. Él también rescató a su padre y a su hermano. Su madre murió, lamentablemente”, contó.
El ingeniero recordó que la magnitud del desastre recién tomó dimensión cuando pudo salir de entre los restos del edificio. “Cuando me rescataron vi el mar Caribe, que yo no lo veía desde mi departamento porque un edificio me lo tapaba. Ahí dije: “Dios, qué desastre sufrió La Guaira”.
Fuente: C5N
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