Colombiamoda 2026 pone al sector textil en el centro del debate económico colombiano

Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia, afirmó en Colombiamoda que el sector textil, de confecciones y moda tendrá respaldo de su futuro gobierno

Foto: Agencias

Colombiamoda 2026 volvió a mostrar que la moda en Colombia no se limita a las pasarelas, las tendencias o las colecciones de temporada. Detrás de cada prenda existe una cadena amplia que incluye diseñadores, talleres, confeccionistas, proveedores de telas, emprendedores, personal de ventas, logística, comercio y compradores nacionales e internacionales.

La feria, realizada en Medellín entre el 28 y el 30 de julio, reúne negocios, conocimiento y tendencias, consolidándose como uno de los principales espacios de encuentro de la moda latinoamericana.

En esta edición, además, el evento adquirió una dimensión política importante por la presencia y las declaraciones del presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella.

Durante la pasarela inaugural, De la Espriella afirmó que el sector textil, de confecciones y moda tendrá respaldo de su futuro gobierno. Su mensaje fue directo: consideró que esta industria ha estado abandonada durante los últimos cuatro años y prometió apoyo, defensa y acompañamiento para un sector que, según destacó, aporta de manera relevante a la economía colombiana.

La declaración fue recibida con atención porque no se quedó únicamente en un saludo protocolario. Llegó en un momento en que muchas empresas del sistema moda buscan soluciones a retos relacionados con competencia internacional, costos de producción, acceso a financiamiento y expansión hacia mercados externos.

La presencia del presidente electo en Colombiamoda tuvo además un fuerte valor simbólico. Representantes del sector señalaron que hacía aproximadamente una década que un mandatario no asistía a la feria, por lo que interpretaron su participación como una señal de reconocimiento hacia una actividad que genera empleo, innovación y movimiento económico en distintas regiones del país.

Sin embargo, el propio gremio ha dejado claro que el entusiasmo debe acompañarse de propuestas verificables. Las palabras pueden abrir una conversación, pero la verdadera transformación dependerá de políticas públicas que respondan a las necesidades reales de la cadena textil y de confecciones.

Un respaldo que debe convertirse en acciones

El compromiso anunciado por Abelardo de la Espriella puede representar una oportunidad para reposicionar al sector como una prioridad dentro de la agenda económica nacional.

La industria de la moda no opera de manera aislada. Depende de la disponibilidad de materias primas, de costos energéticos y logísticos competitivos, de mano de obra capacitada, de condiciones tributarias claras y de canales de comercialización que permitan competir con productos importados. Cuando alguno de estos elementos falla, los pequeños talleres y las marcas emergentes suelen sentir el impacto con más fuerza.

Desde la Cámara de la Confección se ha valorado positivamente el mensaje del presidente electo, pero también se ha insistido en que el reto es convertirlo en una política de Estado concreta.

Entre las prioridades mencionadas se encuentran la búsqueda de una reducción de los aranceles que Estados Unidos aplica a productos de moda colombianos, la regulación de plataformas de comercio electrónico que compiten con la producción local y la creación de créditos blandos para pequeños y medianos emprendedores textiles.

Estas propuestas reflejan que el sector no busca únicamente apoyo simbólico, sino herramientas que mejoren su capacidad para producir, vender y crecer de forma sostenible.

El tema de los créditos es especialmente relevante. Muchas marcas pequeñas tienen creatividad, capacidad de diseño y cercanía con su público, pero enfrentan dificultades al momento de financiar inventario, comprar maquinaria, contratar personal o participar en ferias comerciales.

Un préstamo con condiciones demasiado exigentes puede resultar inaccesible para un emprendimiento que todavía tiene ventas variables. Por eso, los mecanismos de financiación adaptados a la realidad de las pequeñas y medianas empresas podrían ayudar a que más iniciativas pasen de la supervivencia a la consolidación.

La competencia con productos de bajo costo importados es otro desafío que preocupa a confeccionistas y diseñadores. Las plataformas internacionales han cambiado la forma en que muchas personas compran ropa, accesorios y artículos para el hogar.

Su rapidez, variedad y precios bajos son atractivos para el consumidor, pero pueden generar una presión difícil de sostener para las empresas locales que cumplen con costos laborales, tributarios, de producción y de calidad dentro de Colombia.

La petición de regular estas plataformas no debe interpretarse únicamente como una demanda de protección, sino como un intento de buscar reglas de competencia más equilibradas.

El comercio exterior también tiene un peso importante. Si las marcas colombianas encuentran mejores condiciones para vender en otros mercados, pueden aumentar su escala, diversificar ingresos y reducir su dependencia de la demanda interna.

La solicitud de reducir el arancel del 12,5 por ciento que Estados Unidos impone a productos de moda colombianos apunta justamente a esa necesidad de abrir oportunidades de exportación.

Para una marca grande, ese porcentaje puede afectar márgenes y decisiones de precio. Para una empresa pequeña que busca ingresar por primera vez a un mercado internacional, puede convertirse en una barrera muy difícil de superar.

Moda, empleo e identidad productiva

El sistema moda es relevante porque conecta creatividad con producción. Una colección comienza como una idea, pero necesita convertirse en patrones, telas, cortes, costuras, acabados, fotografía, comercialización y entrega. Cada una de esas etapas implica personas, oficios y empresas.

Por eso, apoyar la industria no significa solamente respaldar a diseñadores conocidos. Significa también fortalecer talleres familiares, operarios especializados, proveedores locales, emprendedores digitales y comunidades que encuentran en la confección una fuente de ingresos y una posibilidad de desarrollo.

Colombiamoda funciona como una vitrina para visibilizar esa diversidad. La feria atrae a profesionales de la industria, compradores especializados, visitantes y medios, creando un espacio donde las marcas pueden mostrar sus propuestas, establecer contactos y explorar alianzas.

La edición de 2026 prevé la asistencia de más de 70.000 personas de 50 países, alrededor de 17.000 compradores especializados y un impacto económico proyectado de 25 millones de dólares para Medellín.

Más allá de las cifras, estos encuentros son importantes porque permiten que una empresa pequeña se conecte con distribuidores, que un diseñador encuentre socios comerciales o que un fabricante conozca nuevas tendencias y oportunidades.

La participación de Abelardo de la Espriella junto a su esposa, Ana Lucía Pineda, en el desfile inaugural de la diseñadora Manuela Álvarez también reforzó el mensaje de apoyo al talento colombiano.

La pasarela sirvió como escenario para recordar que la moda puede ser una expresión cultural y una actividad económica al mismo tiempo. Colombia posee una identidad creativa reconocible, influida por sus regiones, técnicas artesanales, diversidad de materiales y capacidad de innovación.

Proteger esa riqueza no significa encerrarse frente al mundo, sino competir con mejores herramientas y mostrar al exterior un valor diferenciado.

El reto consiste en que las medidas futuras no se concentren solo en las grandes compañías. Las pequeñas y medianas empresas son una parte esencial del tejido productivo y suelen enfrentar los mayores obstáculos para formalizarse, acceder a capital, contratar trabajadores y resistir momentos de baja demanda.

Un respaldo efectivo podría incluir programas de formación, apoyo para digitalización, acompañamiento exportador, acceso a tecnología y mecanismos que simplifiquen procesos administrativos. El sector no necesita depender permanentemente de ayudas, pero sí requiere un entorno donde crecer no sea una carrera llena de barreras desproporcionadas.

También será importante mirar la sostenibilidad. La industria de la moda enfrenta una conversación global sobre consumo responsable, trazabilidad, uso de materiales, reciclaje y duración de las prendas. Colombia puede aprovechar esta tendencia si fortalece la producción con calidad, diseño y prácticas más conscientes.

Una prenda colombiana puede competir no solo por precio, sino por historia, durabilidad, creatividad y valor humano. El desafío para las empresas será incorporar estas exigencias sin trasladar costos imposibles a productores y consumidores.

El anuncio de respaldo total genera expectativas razonables, pero también obliga a pedir resultados. La industria textil y de confecciones necesita claridad sobre las prioridades del futuro gobierno, los plazos de implementación y los instrumentos disponibles.

Las declaraciones realizadas en Colombiamoda muestran una intención política de impulsar la inversión, la generación de empleo y la competitividad nacional. El siguiente paso será convertir esa intención en decisiones que puedan medirse en el acceso a crédito, la apertura comercial, la formalización, el fortalecimiento de talleres y la mejora de las condiciones para producir en Colombia.

Colombiamoda 2026 dejó así un mensaje que trasciende el desfile inaugural. La moda colombiana quiere ser reconocida como un sector estratégico, capaz de generar empleo, exportaciones y desarrollo regional.

El respaldo prometido por Abelardo de la Espriella puede abrir una etapa de mayor diálogo entre el gobierno entrante y los actores de la cadena productiva. Pero el valor real de ese compromiso se definirá por su capacidad para traducirse en políticas consistentes, reglas competitivas y oportunidades concretas para quienes todos los días transforman diseño, tela y trabajo en industria nacional.

Fuente: https://www.lafm.com.co/politica/presidente-electo-en-la-pasarela-inaugural-406112

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