Siguen buscando muertos en la OPPEE 26 en Caraballeda tras 45 días de los terremotos

Los sobrevivientes de las torres de la OPPEE 26 advierten que no permitirán que las máquinas del Estado arrastren los escombros de manera indiscriminada hasta que recuperen el último familiar atrapado

Foto: Agencias

Transcurridos 45 días desde el devastador doble terremoto que azotó al país, los familiares de las víctimas y los voluntarios continúan trabajando entre los escombros de las torres de la OPPEE 26 en Caraballeda, en el estado La Guaira.

A pesar del cansancio, siguen buscando de forma manual a sus seres queridos atrapados, con la única esperanza de recuperar sus cuerpos para brindarles una sepultura digna.

Jhony Cárdenas es uno de ellos. Para él, el tiempo se congeló la noche del pasado 24 de junio, cuando el eco de los tambores de San Juan en Naiguatá fue apagado al recibir la noticia de que el sector Caribe había desaparecido bajo la tierra.

Tras siete semanas de agonía, Cárdenas permanece de pie frente a las ruinas de las torres OPPEE 26, removiendo bloques con sus propias manos y con el único consuelo de rescatar el cuerpo de su hermana para despedirla.

Un conteo de víctimas incalculable

Aquella noche, tras abrirse paso a pie por vías colapsadas, Cárdenas llegó a las 9.45, a un escenario que describe como una auténtica zona de guerra.

Entre incendios, gritos de auxilio desde las azoteas y cuerpos destrozados, comenzó una búsqueda incansable que hoy continúa, enfrentándose al agotamiento físico y al dolor de una pérdida que enlutó a miles de familias guaireñas.

“Eso era horrible, como si estuviéramos en una guerra. De verdad, eso fue horrible”, recordó en entrevista con El Pitazo.

Ese día, su hermana se había regresado temprano al edificio porque iban a surtir agua, tras apenas nueve meses de haber comprado su apartamento en el lugar.

Aunque en su pueblo natal de Naiguatá los daños fueron menores y se registraron, según dijo, 11 fallecidos, Cárdenas estima que el número total de muertes en todo el estado —especialmente en Caribe y Catia La Mar— alcanza las 60.000 personas, una tragedia que considera muy superior al deslave de 1999. Esta cifra contrasta con el último reporte de las autoridades, que hasta el 3 de agosto contabilizaron 6.125 fallecidos.

Aunque el Cicpc y el Ejército mantienen los censos de desaparecidos, y los “topos” comunitarios lograron rescatar al menos a 200 personas desde el primer día, Cárdenas alertó que cientos de cuerpos siguen sepultados por las tres torres caídas y el olor en el ambiente se vuelve cada día más fuerte a medida que remueven las placas de concreto.

El horror es constante en la zona. Cárdenas relató episodios como tener que abandonar a un niño atrapado entre las llamas por orden de desalojo debido al peligro, o presenciar cómo las autoridades retiraban decenas de cuerpos mutilados.

La necesidad de equipos sofisticados

El proceso de remoción de los bloques colapsados se realiza en condiciones extremas y con herramientas muy básicas.

Cárdenas explicó las limitaciones con las que trabajan diariamente.

“Sí, tenemos herramientas, tenemos unas palas, pero aquí ahorita no hace falta eso. Nos hace falta es, como quien dice, los aparatos más sofisticados para que entren exactamente ahí a los huecos y lleguen hasta ahí, para nosotros terminarlo más rápido y sacar por lo menos los cuerpos de los que están ahí, porque ya sabemos que ya no están con vida, pero nosotros lo que queremos es sacarlos”, relató.

Según su diagnóstico, el colapso masivo de algunas estructuras en Caribe y la marina de Caraballeda se debió a un fenómeno de licuación, ya que esos edificios fueron construidos sobre terrenos ganados al mar.

Explicó que, al momento del sismo, el suelo se comportó como una licuadora de agua y tierra, destruyendo las escaleras en algunas edificaciones y obligando a los residentes a saltar entre los pisos para salvarse. Cárdenas atribuyó la caída al impacto consecutivo de dos fallas: la de Boconó, que debilitó las bases, y la de San Sebastián, que impactó desde la costa derrumbando los bloques.

“Aquí no sirve nada”

El guaireño lamentó la gestión del gobierno por no alertar a la población sobre la actividad de estas fallas geológicas que llevaban décadas inactivas, comparando la situación con la prevención que se realiza en países como Estados Unidos ante los huracanes.

“Aquí no sirve nada porque ellos dicen, ‘hoy va a llover y nunca llueve, o llueve a los 10 días. O sea, que están perdidos en el espacio. No es como los Estados Unidos, que dicen ‘vayan para los refugios que viene el huracán’, y ya todo el mundo se prepar”, señaló.

Ante la falta de respuestas prontas, advirtió que los sobrevivientes y vecinos organizados no permitirán que las máquinas del Estado arrastren los escombros de manera indiscriminada hasta que se recupere el cuerpo del último familiar atrapado, asegurando que defenderán con orgullo el duro trabajo que han realizado.

“Hasta que no salga el último familiar que esté muerto ahí, no vamos a dejar que las máquinas destrocen todo lo que hemos hecho con las manos”, enfatizó.

Fuente: El Pitazo

 

 

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