Maracaibo llega a 497 años con sus habitantes durmiendo hasta en techos por los apagones

Dormir en los techos, trasladar colchones a las canchas y bañarse hasta cuatro veces por noche son algunas de las medidas desesperadas a las que recurren los habitantes para sobrellevar la falta de electricidad y el sofocante calor

Foto: José Nava

Dormir en el techo de la casa, sacar los colchones a las canchas comunitarias a las 3.00 de la mañana o echarse en el piso tras bañarse cuatro veces en la noche son algunas de las alternativas de supervivencia con las que los marabinos enfrentan los apagones causados por la crisis energética, mientras la ciudad conmemora este martes 8 de septiembre sus 497 años de su fundación.

“Tengo que dormir arriba, en el techo de la casa”, confiesa Jonny González al Diario La Verdad, ante la imposibilidad de soportar el sofocante calor nocturno dentro de su habitación.

Su caso no es aislado. En los sectores populares de la capital zuliana, la cotidianidad se ha desplazado a las aceras.

“Sacamos los colchones pa’ la cancha hasta las 4.00 o las 5.00 de la mañana que llega la luz”, relata Román Villalobos sobre cómo la falta de electricidad transforma las madrugadas en la comunidad.

En su hogar, la logística implica mover en silla de ruedas a una familiar enferma para que pueda recibir el viento de la calle hasta altas horas de la noche.

Por otra parte, para Ángel Semprún, el ritual nocturno consiste en intentar enfriar el cuerpo “como se pueda”.

“Nos bañamos y salimos pa’ afuera. Me echo hasta cuatro baños en la noche cuando se va la luz”, indica sobre las jornadas que han llegado a superar una sensación térmica de 40 grados centígrados en lo que va del 2026, de acuerdo con reportes del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh).

Logística, inventiva y enfado diario

A la intermitencia del fluido eléctrico, con cortes diarios que van de cinco a siete horas, se suma el deterioro visible de la infraestructura local: transformadores que fallan constantemente y postes que echan chispas en sectores residenciales, desatando protestas en el norte de la ciudad.

En los hogares con niños pequeños y personas con enfermedades crónicas, el descanso y la salud se han convertido en un lujo.

Gregoria Vílchez, tras “10 años de apagones continuos”, detalla que en su casa deben sacar colchones al frente de su vivienda y aprovechar la batería del carro de uno de sus hijos para conectar pequeños aparatos, aunque la energía resulta insuficiente.

Por su parte, Neysa Iguarán, trabajadora de un comercio del centro de Maracaibo, expresa la molestia generalizada como una mezcla de rabia e impotencia.

“Yo me había ido de Venezuela por eso. Cuando hubo el apagón que fue de muchos días, hace muchos años, yo me fui en 2018. Me fui a Chile y regresé por mi mamá”, comenta.

Su madre, de 78 años, padece Parkinson y requiere evitar el calor por indicación médica. Tras adquirir un ventilador recargable por entre 50 y 80 dólares, descubrió que la batería solo rinde dos horas.

Iguarán observa con ironía la brecha entre la gestión pública y la realidad de las comunidades. Al vivir frente al Distribuidor Las Delicias, ve a diario las pantallas LED instaladas en la autopista.

“Tú a veces te ríes porque cómo gastan energía y dinero en esa pantalla. Y uno no tiene luz en su casa”, señala.

Puntos de vista ante una crisis prolongada

Las lecturas sobre el origen de la contingencia dividen a la ciudadanía. Desde una postura crítica, Jesús Hernández relata que su primera reacción ante un apagón es tomar una silla y sentarse en el frente de su vivienda a esperar, sin certeza del tiempo que durará la suspensión.

Entre juegos y conversaciones en el piso con su madre de 91 años, cuestiona la falta de soluciones de fondo: “Ya eso se hubiera remediado… no lo quieren hacer. ¿Por qué no lo quieren hacer? Porque es problema de política, problema de que el venezolano sufra”, sentenció.

En contraste, Rigoberto Vanegas, afín al chavismo, aborda la situación desde otra perspectiva. Mientras se echa aire con un pedazo de cartón durante los cortes, atribuye parte del problema a la falta de conciencia ciudadana por dejar aparatos encendidos.

“No podemos echarle toda la culpa al gobierno porque el gobierno mucho ha hecho… En otros países no”, opina.

A casi cinco siglos de su fundación, la histórica “capital petrolera” que impulsó la economía venezolana subsiste hoy entre el cansancio y la penumbra. Los marabinos no exigen promesas, sino soluciones definitivas que devuelvan la luz y la dignidad a sus hogares.

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