Monseñor Azuaje pide superar “rencillas estériles” para reconstruir al país en unidad

Durante la homilía previa a la Bajada de la Chinita, el arzobispo de Maracaibo destacó la importancia de la fraternidad, la dignidad humana y el compromiso colectivo para construir una sociedad más justa, inclusiva y solidaria

Foto: Instagram

El arzobispo de Maracaibo, monseñor José Luis Azuaje, instó este sábado 31 de octubre a superar las “rencillas estériles” para reconstruir el país en unión. La exhortación ocurrió durante su homilía en la misa previa a la tradicional Bajada de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

Afectado por las secuelas de un cuadro de Covid-19, el prelado pronunció su discurso sentado. Entre el sonido de las campanas de la Basílica Santuario y el canto de los pájaros, la plazoleta basilical albergó a los fieles en un templo a cielo abierto para escuchar la reflexión pastoral, centrada en la fe, la dignidad humana y la recuperación de la patria.

Con base en la lectura del profeta Zacarías, el arzobispo comparó la realidad actual del país con los momentos de prueba y vulnerabilidad histórica. Al respecto, invitó a la feligresía a no dejarse vencer por el abatimiento ni por la pretensión de creer que el sufrimiento local es único en la historia.

“Cada pueblo cree muchas veces, como nos ha pasado a nosotros en el país, que es el único pueblo que ha vivido calamidades, que ha tenido y sigue teniendo graves problemas. Lo que nos plantea el profeta Zacarías es la actitud con la que se enfrenta esta situación”, precisó.

En torno al ambiente de júbilo por el reencuentro de la feligresía con la imagen patronal, monseñor Azuaje insistió en que el gozo espiritual debe traducirse en un compromiso ético y ciudadano duradero que trascienda la plazoleta santuario.

“No debe ser una alegría efímera, no debe ser una alegría que expira al salir de esta plazoleta, sino que debe ser la alegría de encontrarnos todos como hermanos (…) en la deuda que tenemos para generar una cultura del encuentro que va más allá de las posiciones ideológicas, políticas, religiosas o culturales”, indicó.

Asimismo, el prelado enfatizó la igualdad ontológica de la población y el deber colectivo de erradicar la polarización para avanzar hacia el desarrollo social sostenible.

“Todos, desde que nos concibieron, tenemos una dignidad inalienable como seres humanos (…) y esto nos da la fuerza de seguir luchando para construir un país donde todos sintamos que tenemos algo que aportar, destruyendo sus rivalidades y rencillas estériles que no nos permiten avanzar en la construcción de un desarrollo humano integral”, declaró.

Al abordar el papel integrador de la devoción mariana en la cultura zuliana, el arzobispo recordó que, bajo el amparo de la Virgen, se desvanecen los personalismos y la autosuficiencia en favor de una convivencia pacífica e incluyente.

“Bajo su manto maternal no hay exclusiones, ella cobija a gente de toda lengua, cultura, competición y pensamiento (…) Nos saca de nuestro egoísmo, nos recuerda que todos somos hijos suyos y por tanto hermanos en Cristo. En todo este proceso de reconstrucción de nuestra patria, todos somos necesarios”, declaró.

Apoyado en las imágenes bíblicas de ciudades abiertas y sin barreras de protección agresivas, el prelado cuestionó los sesgos defensivos y exhortó al trabajo corresponsable.

“Ya no hay murallas que separan y donde la fuerza y la seguridad nos vienen, no por las barreras que construimos para defender cada posición, sino por la necesidad de construir puentes de encuentro donde todos nos necesitemos y seamos útiles (…) Nuestra verdadera seguridad no reside en materiales urbanos”, reflexionó.

Por último, monseñor Azuaje recordó el valor transformador del dolor del pueblo, la vigencia del servicio fraterno y la imperiosa necesidad de trabajar por la salvación y el bien común de la nación.

“La consolación no es un privilegio, sino que es una misión que todos tenemos hoy (…) Siempre debe brotar de una espiritualidad comunitaria y solidaria, de esta manera todos somos corresponsables también en el sufrimiento de un pueblo como también en la esperanza de su reconstrucción. Debemos ser honestos y sinceros en reconocer la fragilidad que hemos tenido, así como las virtudes que hemos ofrecido”.

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