Amputado tras el terremoto en La Guaira: “Sentí que ya el pie no lo tenía”

Adrián Troncoso quedó atrapado bajo los escombros en la vivienda de su cuñada junto a su hijo menor y otros tres familiares. Se haló la pierna que tenía atrapada y con uno de los tirantes de su faja lumbar se hizo un torniquete. La pérdida del pie derecho se extendió y le amputaron la pierna hasta debajo de la rodilla

Foto: EFE

Cuando Adrián Troncoso reaccionó, el polvo se había disipado y una leve luz le dejó ver que su pie derecho estaba atrapado bajo escombros. Debía comprobar quiénes de las cinco personas en casa, entre ellas su hijo menor, estaban vivas después del doble terremoto que sacudió La Guaira el pasado 24 de junio.

El hombre de 47 años llamó a su suegra y a su cuñada, pero no respondieron. Las otras personas en casa eran el novio de la cuñada y la tía de su esposa.

Ese día, había salido de su casa con la faja lumbar puesta que usaba para trabajar, rumbo a hacer unas reparaciones en la vivienda de su cuñada. Comprobó que una pared le había caído encima y que uno de los tres pisos de la casa de su cuñada estaba sobre él, apenas sostenido.

“Pensé en ese instante: ‘Si no salgo me voy a morir, y si muero a mi hijo no lo van a conseguir'”, recuerda.

Entonces reunió fuerzas y gritó “¡Andrés!”. “Aquí estoy. Papá, sal de ahí”, le pidió el hijo, quien había quedado bajo los escombros, cerca de cadáveres.

Adrián se haló la pierna, pero no pudo zafarse. Intentó de nuevo y lo logró, pero escuchó un rasguido. “Sentí que ya el pie no lo tenía”, rememoró.

Utilizó el filo de un bloque para cortar uno de los tirantes de su faja lumbar y hacerse un torniquete. Luego agarró una tabla, se levantó y prometió volver.

Caminó y vio el rastro de sangre que dejaba. Sintió debilidad y entonces se acostó sobre una escalera. Desde ahí escuchó gritos de auxilio y pidió ayuda. Pensó que lo ignoraban o no lo oían, porque pasaban a su lado y nadie se acercaba.

Hasta que dos personas lo vieron y prometieron ayudarlo, pero no volvieron. Adrián se quedó esperando y, en un momento dado, vio llegar a Yoidrian, otro de sus hijos, quien preguntó por su abuela y su tía.

“Murieron”, respondió Adrián. Todos habían fallecido excepto él y su hijo Andrés.

La ida al hospital

Foto: EFE

La esposa de Adrián, Yoimara Vargas, se trasladó hasta la casa de su hermana acompañada de su sobrino, quien, al ver todo derrumbado, buscó a varios vecinos para cavar y sacar escombros. Andrés fue rescatado y Adrián alcanzó a verlo antes de ser trasladado a un hospital naval en La Guaira.

Al llegar, se percató de que no había electricidad. Sintió cansancio y cerró los ojos. Supo por su esposa que había edificios cercanos en llamas y por Yoidrian que en el hospital iban llegando los muertos que dejaba el terremoto.

Adrián sintió que un perro le rozaba la pierna, pero eran personas. Personas heridas en el piso, le dijo su esposa. La familia observó la situación y abandonó el hospital para ir a otro en Caracas.

Se trasladaron en una camioneta de un vecino. Adrián no sentía nada en su pie, pero gritó de dolor cuando la camioneta cayó en un hueco de la carretera y sintió un golpe en la columna.

Llegaron a un hospital de Caracas alrededor de la 1.00 de la madrugada del 25 de junio, siete horas después del terremoto. Adrián escupía tierra. Un médico le dijo que tenía la hemoglobina en 6 cuando el promedio es entre 13 y 17.

A los días, la pérdida del pie se extendió cuando los médicos amputaron su pierna hasta debajo de la rodilla.

La despedida

Foto: EFE

Adrián se acostumbra a su nueva cotidianidad. Un día se vio utilizando su pierna amputada en vano para sacarse el zapato izquierdo.

A veces, siente comezón por los puntos de sutura. “Cuando sientas picazón, ráscate la otra pierna”, le recomienda Eduardo Dámaso, fundador de Ortoprotécnica, un taller en Caracas que le donará a Adrián una prótesis.

Dámaso cree que Adrián volverá a caminar pronto, cuando finalice la cicatrización interna de sus tejidos.

Ortoprotécnica le enseñará a ponerse la prótesis y a caminar una vez complete el proceso de fortalecimiento de sus músculos con fisioterapia.

Adrián no ha podido despedirse de los que murieron en casa de su cuñada. Sus cuerpos fueron recuperados entre el 25 y 26 de junio, según dijo.

No pudo asistir al entierro porque estaba hospitalizado. Por eso quiere ir un día a donde están sepultados y despedir a su cuñada con girasoles. En vida siempre le gustaron mucho, dijo.

 

 

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