La venezolana Marilú Paredes, de 66 años, denunció que teme por su vida desde que Estados Unidos la deportó, el pasado 21 de octubre, desde Luisana, junto a otras personas a Bangui, en la República Centroafricana.
“Temo por mi vida. No sé qué va a pasar con mi vida. Yo quiero estar con mi familia”, dijo entre lágrimas la venezolana, quien fue detenida el pasado agosto por funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés) cuando acudió a una de sus presentaciones migratorias obligatorias en EE. UU.
Indicó que permaneció dos meses detenida en el Centro Penitenciario Federal Montgomery, en Texas, antes de ser deportada.
“A las 12 de la noche nos llamaron a las dos venezolanas y a la cubana. Ingresamos todas al autobús. Estábamos todos esposados. Estuvimos 30 horas esposados durante todo el viaje. (…) Yo no sabía que me iban a traer a este país”, denunció la sexagenaria, a quien separaron de su esposo enfermo.
Dijo que aún no les dan información de su situación legal actual. “No tenemos documentos. A medida que pasan los días, se va desesperando uno más, porque estás en un país que no conoces, donde no hablan tu idioma. No me siento protegida”, insistió con desespero.
“Estoy en un país que no conozco, donde no hablo el idioma”, enfatizó Paredes, quien se convirtió en la primera venezolana en ser deportada por EE. UU. hacia el continente africano, incluso sin pasaporte, que se lo retuvo el ICE.
Fuente: El Pitazo
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