Han pasado tres meses desde aquella tarde del 24 de junio en la que dos terremotos seguidos sacudieron La Guaira. Pero dentro de lo que queda del edificio Jurel, otrora de 12 pisos, en Playa Grande, en Catia La Mar, el desastre aún suena.
Cristian Verdú, de 23 años, perdió allí ese día a su hermano, a su primo y a su madre. Los cuerpos de estos dos últimos siguen sepultados entre los escombros del edificio Jurel. Una búsqueda con dron permitió confirmar la ubicación, junto con los cuerpos de otras víctimas.
“Nunca la dejé sola estando en vida. El que conoció a mi familia, conoció a mi mamá y sabía que pasara lo que pasara, yo siempre estaba para mi mamá”, dijo Verdú a Noticias Telemundo.
Se salvó ese día porque estaba en Naiguatá. Fue por primera vez a los tambores de San Juan.
La búsqueda de los familiares de Verdú se volvió viral luego de un video publicado por la periodista Maryorin Méndez, en el que él pedía ayuda para sacar los cuerpos de sus familiares. Se había quedado solo en el edificio; los otros ya habían recuperado los cuerpos.
Los Topos Mexicanos intentaron sacarla, pero el peligro de que el edificio terminara de colapsar era muy grande.
En la víspera de su cumpleaños, casi dos meses después de los sismos, Verdú informó en sus redes sociales que daba por terminada la búsqueda de su madre y su primo. “Ya no me sentía bien, estaba agotado”.
Explica que la situación cada día se complicaba más. Sin recursos, dice que no había otra opción que apartarse del lugar. Aún así, Cristian sigue esperando y buscando. No sabe dónde está su mamá y quiere encontrarla.
“Se cerró el caso por redes sociales, pero la búsqueda no ha parado porque aún hay topos que quieren sacarla y quieren ayudarme”.
Si demuelen el Jurel, con su mamá y su primo todavía dentro, Verdú está dispuesto a seguir buscándola, así sea entre los escombros de los escombros que dejará el edificio.
“El día que demuelan el edificio, el caso de mi mamá se reabre”, dice Verdú, dando a entender que volverá a publicar sobre el tema en sus redes sociales.
“Si estaba marcado en el destino que yo consiguiera a mi mamá entre los escombros, conseguir un cuerpo ya descompuesto, que ya sea huesos, me va a tocar y estaré a lo mejor tranquilo. No va a ser fácil, pero créeme que después de que demuelan el edificio, yo vuelvo por mi mamá”.
En espera del cuerpo de su esposo
En Residencias Caribe, en Caraballeda, familiares y rescatistas voluntarios siguen buscando a los que quedaron enterrados bajo los escombros.
En la piscina, que da hacia las torres, están los vecinos que esperan a que los cuerpos de sus familiares puedan ser rescatados. Los socorristas no tienen un número seguro, pero estiman que hay más de 70 personas todavía allí, algunas con deudos y otras sin familiares que las reclamen.
Los vecinos tienen dos hipótesis para estos últimos casos: o sus familiares no sabían dónde estaban y los dan por desaparecidos, o toda su familia murió también en los terremotos.
Allí está en una carpa Angie Sojo. Desde hace más de 20 años vive en Residencias Caribe y desde hace tres meses está buscando a su esposo, Gustavo Adolfo Riascos Gómez, de 51 años, víctima de los terremotos.
Su vida se derrumbó junto a su hogar en una sola noche y ahora espera alguna noticia de los rescatistas. El esposo de Sojo estaba en el piso dos de la torre B de las residencias. Luego del colapso, su cuerpo terminó en el estacionamiento y durante tres meses han intentado sacarlo sin éxito.
La historia de Residencias Caribe no es tan distinta a la de otros edificios del sector: no había ayuda, no había rescatistas, no había materiales. Poco a poco fueron llegando y, aun así, no es suficiente.
En Residencias Caribe no solo el colapso es el problema, también la inundación. Las primeras plantas están llenas de agua y se han necesitado bombas para poder bajar el nivel.
El 24 de junio, Sojo estaba trabajando en Caracas. Ella y su hija de 20 años tienen tres meses esperando por una noticia y se alegran cada vez que sacan a otro vecino, pero cuenta que su corazón se destroza pensando en cuándo será su turno.
“Causa ansiedad y a la vez alegría porque es otro vecino que sale”, dijo. “Me aferro a nuestro amor, y que, si hubiera sido al revés, también estuviera aquí buscándome”.
Buscando a mamá
Valeria Alcalá también busca a su madre en Residencias Caribe desde el día cero. Tiene 18 años y pronto empezará la universidad. Pero por el momento, todos los días espera una noticia sobre la búsqueda de su madre.
“Estoy acá desde que sucedió todo. Esto ha sido una lucha constante porque siento que es algo que le debo a ella”, dice.
Alcalá perdió el rastro de su madre y su padrastro el mismo 24 de junio. La última vez que los vio fue en los tambores de San Juan. Valeria recuerda que le dijeron que se portara bien. Los dos fallecieron en los edificios colapsados.
El cuerpo del padrastro lo encontraron hace un mes. Fue uno de los momentos más duros del proceso: “No es igual el saber que están ahí a que saquen el cuerpo y tener que decir: sí, es él. Reconocer el cuerpo es difícil”.
La madre y el padrastro de Valeria se encontraban en la planta baja. Habían llegado cinco minutos antes del terremoto.
Alcalá dice que no se sabe dónde está el cuerpo de su mamá. “A mi padrastro lo consiguieron en el piso 3, estando en planta baja […] Quiero conseguirla ya. Poder darle ese descanso tanto para ella como para mí porque no es fácil estar aquí. […] Voy a seguir siendo voluntaria, pero no es igual venir a apoyar teniendo un familiar allí que no teniéndolo”, dice.
“Quiero darle el descanso eterno”
Nayibe Geromes también busca a su madre, Leída Josefina Mata Cupido, de 64 años. El 24 de junio no sabía si su mamá había podido huir, así que recorrió los refugios esperando una respuesta. No la hubo. Desde ese momento está en las residencias donde vivía su madre, esperando que su cuerpo sea hallado.
“Tengo la certeza de que está aquí porque entraron y sacaron cosas que indican que ella estuvo aquí, como su cédula, que la mantengo, la cartera con todas sus tarjetas y su celular. Está aquí”, contó Geromes a Noticias Telemundo.
“Quiero darle el descanso eterno y conseguirla y que nosotros también podamos proseguir porque la vida sigue. Hemos llorado bastante”, explicó.
Los vecinos explican que ya no sienten tristeza cuando consiguen un cuerpo entre los escombros, sino más bien felicidad porque ya va a tener el descanso que se merece.
“Mi mamá merece descanso, el esposo de Angie (Sojo), todos los que estamos aquí presentes creo que merecemos estar tranquilos e irnos a nuestras casas porque esto es una lucha incansable, pero te aseguro que vamos a estar aquí hasta lo último”.
Fuente: Noticias Telemundo
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