Cristian Verdú permanece en el edificio Jurel, ubicado en el sector Valle Seco de Playa Grande, en Catia La Mar, estado La Guaira, intentando rescatar entre los escombros los restos de su madre, Yulida Verdú, y de su primo de 20 años, a punto de cumplirse un mes del colapso ocasionado por el doble terremoto del 24 de junio.
Ante la ausencia de auxilio gubernamental y el abandono de la maquinaria pesada, el joven, junto a su tío y amigos, arriesga su vida descendiendo mediante la técnica de rappel para intentar llegar al apartamento tapiado. “La sangre no se vuelve agua y aquí estaré hasta que Dios me dé la voluntad y la fuerza”, manifestó.
En el edificio Jurel residían más de 100 personas y, en el caso de la familia Verdú, el apartamento albergaba a más de 10 integrantes por la temporada vacacional, indicó el chico a la periodista Maryorin Méndez durante un recorrido que realizó por el sitio.
El chico explicó que sobrevivió a la tragedia tras salir el pasado 24 de junio hacia Naiguatá al mediodía. Encontró el colapso al regresar cerca de las 10.00 de la noche.
En el suceso perdió también a su hermano de 12 años, Iremerson Verdú, cuyo cuerpo ya fue extraído junto al de otras víctimas, incluyendo el piloto de la estructura y familiares de sus allegados. Sin embargo, la permanencia de una pesada losa de concreto sobre la vivienda ha impedido el rescate de su madre y de su primo.
Frente a la falta de respuestas oficiales y al retiro de otras familias afectadas por la ausencia de maquinaria apta, el joven y sus colaboradores han optado por improvisar maniobras de alto riesgo.
“Estamos nosotros los mismos civiles tomando el atrevimiento de tener que montar como rappel para poder llegar al apartamento, debido a que no hemos recibido la ayuda por ningún lado”, declaró Verdú, al tiempo que indicó que en el lugar había una máquina perteneciente a una empresa privada y otra, del Estado, sufrió averías mecánicas y quedó inoperativa.
El joven relató que descendió previamente sin equipos de protección hasta ubicar la zona del inmueble, por lo que planea trasladarse a Caracas para gestionar con conocidos el préstamo de drizas y arneses de seguridad.
“No es fácil, es el subir, el bajar, el estar aquí todo el día sin una respuesta, el no tener una solución, estar de brazos atados, tener que poner mi vida en riesgo en un edificio donde no puedo sacar y recuperar el cuerpo de mi mamá…”, expresó.
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