Obispos rechazan afirmación de que los terremotos “son un castigo de Dios”

El Episcopado venezolano emitió este miércoles, a dos días de cumplirse un mes del doblete sísmico que azotó el país, principalmente el estado La Guaira, un mensaje pastoral en el que señala que Dios está presente en las víctimas y en todos aquellos que se movilizan para socorrer al necesitado

Foto: Agencias

La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) expresó este miércoles 22 de julio su rechazo a “la manipulación de quienes, guiados por la superstición y el fundamentalismo, han afirmado que los terremotos son un castigo de Dios, una especie de venganza divina”.

En su mensaje pastoral, titulado “Samaritanos, testigos de la esperanza”, emitido a dos días de cumplirse el primer mes del doblete sísmico que azotó el país, principalmente el estado La Guaira, el Episcopado señaló que “esta interpretación fue negada por el mismo Jesucristo. Los terremotos, así como otros desastres naturales, son fenómenos que responden al carácter cambiante del universo y del planeta en que vivimos”.

“Es cierto que los hombres podemos agravar o acelerar las causas de tales fenómenos y sus consecuencias; y también es verdad que debemos hacer una lectura creyente de estos acontecimientos para entender lo que Dios nos pide a nivel personal y comunitario, pero no es correcto atribuirlos a una voluntad superior castigadora”, recalcó.

En su mensaje de consuelo, fe y orientación ante la emergencia nacional, los obispos abordaron la interrogante de muchas personas: “¿Dónde está Dios en medio de tanta angustia?”. Ante lo que afirman con contundencia que Dios está presente en las víctimas y en todos aquellos que se movilizan para socorrer al que más lo necesite.

“Dios está precisamente en y con las víctimas; ellas son las preferidas del Señor Jesús, que es el verdadero buen samaritano del que nos habla el Evangelio (…) Dios está también en todos los samaritanos que, como Jesús, ayudan a los más necesitados”, aseguraron.

En ese sentido, enfatizaron que “siguiendo las huellas de Jesucristo, todos nosotros estamos urgidos a ser samaritanos compasivos. Para los creyentes, la compasión es sufrir con el otro, al que se reconoce una dignidad sagrada y con el que nos comprometemos gratuitamente para aliviar su dolor y para acabar con sus causas”.

Y exhortaron “a compartir el dolor de las víctimas de estos sismos y a llevar siempre en el corazón y en la memoria el llanto de los padres y madres que han perdido a sus hijos, las lágrimas de tantos niños huérfanos, la angustia de los que han buscado por días entre los escombros a sus seres queridos”.

La CEV manifestó, además, que se siente conmovida por la solidaridad, “especialmente la del pueblo pobre que ha sido, sin duda, el principal samaritano. Nos estremece y alecciona el heroísmo de los que han arriesgado sus vidas para rescatar a muchos de entre las ruinas desde el primer minuto de la catástrofe, el sacrificio de las madres que han sostenido la vida de sus hijos durante prolongadas y angustiosas jornadas, la perseverancia de los rescatistas y voluntarios, mención especial merecen los extranjeros, que nos han demostrado que todos los hombres somos hermanos por encima de fronteras y banderas”.

“Ahí está Dios. Por esto y por otras formas de verdadera compasión, bendecimos a Dios”, recalca.

El Episcopado llamó “a la pronta y profunda reconstrucción de lo destruido por los terremotos”, con la creación de “condiciones necesarias que permitan que todas las familias damnificadas puedan cumplir con sus fines propios por sí mismas, sin dependencias ni paternalismos, lo cual implica tener acceso a viviendas y trabajos dignos.

Esto sin olvidar “de ningún modo a los otros sufrientes de nuestra nación: los presos políticos, los trabajadores y pensionados que subsisten con salarios o pensiones de miseria, los enfermos, los inmigrantes”.

Añadió que “la reconstrucción nos exige también hacernos eco de la indignación de las víctimas de los terremotos que se vieron desatendidas por las instituciones públicas. Como hemos dicho, los desastres naturales son impredecibles; pero, es obligación de las instancias del Estado estar preparadas para afrontarlos”.

“En adelante, todos debemos velar para que en las labores de reconstrucción no se repitan los mismos errores que en el pasado, ya que, de lo contrario, los más débiles volverán a sufrir las consecuencias de la corrupción y la indolencia”, prosiguió.

Invitaron los obispos a la feligresía a participar en las misas que en cada parroquia y comunidad se celebrarán el próximo viernes 24 “por las almas de los difuntos de esa catástrofe, por todas las demás víctimas y por la patria entera. Nuestra oración se fortalece cuando lo hacemos juntos”.

Y exhortaron a seguir “impulsando iniciativas en todas nuestras comunidades para recolectar insumos y asegurar que la ayuda llegue a cada familia que lo necesita y por el tiempo que sea necesario. ¡Tras el temblor, el amor! ¡Dios no nos abandona! Camina con nosotros y nos acompaña y anima en la reconstrucción de nuestra patria”.

 

 

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