Polvo de escombros enferma en La Guaira y no hay medición de aire ni boletines claros

Tras la remoción de más de 2 millones de toneladas de escombros por los sismos, los habitantes de La Guaira enfrentan un aumento de tos, bronquitis y alergias debido a la dispersión de polvo sin protocolos de riego

Foto: Agencias

Tos seca, amigdalitis y bronquitis son algunas de las afecciones respiratorias que habitantes de La Guaira aseguran haber sufrido con mayor frecuencia durante los últimos meses.

Todos señalan un único culpable: el polvo que levantan las labores de demolición, remoción y reconstrucción tras el doble terremoto del 24 de junio, un desastre que, según estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), dejó en el estado unos 2,1 millones de toneladas de escombros, el equivalente a la carga de 105.000 camiones de 20 toneladas.

El problema de mover semejantes montañas de escombros es su composición. Sin controles de dispersión, como el riego constante de agua o el uso de lonas protectoras, el manejo de estos materiales crea una polvareda de cemento, ladrillo, cal, yeso y sílice que el viento arrastra hacia viviendas, comercios y colegios, afectando directamente a quienes respiran en las zonas intervenidas.

Eso fue lo que vivió Zoraida Ramos en Barrio Aeropuerto. Su hijo se enfermó durante las reparaciones en su edificio, que siguen en ejecución, donde incluso el olor fuerte de la pintura empeoró el cuadro. “El niño mío estaba malito, ronquito y con mucha gripe por el polvo del escombro”, relató a TalCual, asegurando que en su residencia la historia se repite de apartamento en apartamento. “La mayoría está con carraspera y gripe”.

Sus palabras no son un hecho aislado. Una trabajadora del Hospital Materno Infantil de Macuto, cuyo nombre decidió reservar por razones de seguridad, confirmó que la mayoría de pacientes atendidos llegan con cuadros gripales y bronquitis aguda.

“El 90 % de los que llegan presentan neumonía, asma e infecciones. Ese polvo entra por las vías respiratorias, pasa a los bronquios, llega a los alvéolos y desencadena una reacción alérgica. El cuerpo trata de rechazarlo y empieza con esa tos seca. A casi todos hay que hacerles lavados nasales, nebulizaciones y mandarles antialérgicos”, explicó.

Exposición durante trabajos de construcción

Y aunque estos relatos no permiten establecer por sí solos que el polvo sea la causa de todos los cuadros reportados, sí alertan sobre la exposición de las comunidades durante los trabajos.

La inhalación de sílice cristalina, presente en algunos materiales de construcción, puede causar silicosis y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (Epoc), y aumenta el riesgo de cáncer de pulmón, de acuerdo con el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos.

Y para quienes ya padecen enfermedades respiratorias crónicas, el doctor Huniades Urbina, expresidente de la Academia Nacional de Medicina, advirtió que el polvillo puede agravar sus cuadros o sencillamente producirles sintomatología, como a una persona con asma, por ejemplo. “Ese polvo les produce sintomatología o les reagudiza el proceso”, explicó.

A esta exposición se suma la circulación de virus respiratorios como la influenza A y B y el metapneumovirus. Urbina señaló que, aunque hay incidencia de estas infecciones en el país, más la falta de diagnósticos de este tipo en el sistema público dificulta conocer la dimensión del problema.

“Los pocos que se saben son a nivel privado”, precisó el médico, quien mencionó a La Guaira entre las zonas que le preocupan.

Pero la aparición de enfermedades no se limita únicamente a la inhalación, ya que también hay un riesgo de contacto directo con los escombros, llenos de metales oxidados, vidrios rotos y aguas negras o estancadas, que puede provocar heridas e infecciones en la piel.

En los restos de las edificaciones donde se acumula agua por la lluvia, como en las Residencias Caribe, ejemplo citado por una habitante del estado, la humedad puede crear hongos que terminan liberando esporas que se dispersan en el ambiente cuando las maquinarias remueven los materiales.

A este contexto hay que agregarle el riesgo sanitario en las calles. María Bolívar, residente de Catia La Mar, expresó su preocupación por la fetidez que aún se percibe en algunas zonas y por la posibilidad de que el polvo alcance los alimentos que se venden en la calle.

Sin embargo, para determinar si el agua de consumo o los alimentos están verdaderamente contaminados por agentes químicos, se necesitan muestreos y análisis de laboratorio oficiales que, hasta el momento, no se conoce que se hayan llevado a cabo. “Esto es una continua contaminación que hay”, afirmó.

Un problema que no se puede medir

Pese a los reportes de habitantes y personal sanitario, los boletines epidemiológicos publicados por el Ministerio de Salud no permiten establecer si las afecciones respiratorias han aumentado en La Guaira durante las labores de remoción.

En las semanas epidemiológicas 35 a 38 de 2026, correspondientes al mes de septiembre, se notificaron 2.225, 2.341, 2.286 y 2.485 casos de neumonía, respectivamente, a nivel nacional.

En la semana 38 hubo un aumento de 8,46 % respecto de la semana anterior. Pero en esos totales La Guaira no figura entre las entidades con reporte específico de neumonía en la información consultada.

Además, la cobertura de notificación de la entidad ronda el 55 %, según los informes revisados. Entonces, si este indicador corresponde a la cantidad de centros hospitalarios que enviaron sus datos, implica un déficit de notificación de 45 %.

Es decir, una parte importante de la red sanitaria quedó fuera de los registros disponibles y, por tanto, el boletín podría no reflejar todos los casos atendidos.

Fuente: Tal Cual

 

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