Imagen del martir mexicano “San Joselito” visita la Basílica de Maracaibo

Aunque en Maracaibo su nombre es conocido con fuerza dentro de los grupos apostólicos, pocos conocen la magnitud de la hazaña de este Santo adolescente. José Sánchez del Río

Foto: Cortesía

la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en el casco central de Maracaibo, se llena este martes 10 de febrero de júbilo. Recibe, por primera vez en la historia del Santuario y de la Iglesia zuliana, la imagen de San José Sánchez del Río, el joven mártir mexicano conocido cariñosamente como “San Joselito”.

Este encuentro marca un hecho fundamental para la Sociedad Religiosa Servidores de María, cuya sección Infantil-Juvenil celebra el día de su santo patrono con una jornada de fe y memoria histórica.

La programación publicada por la Basílica en Instagram destaca que los actos centrales inician a las 4.30 de la tarde con el rezo del Rosario.

Posteriormente, a las 5.00 de la tarde, el párroco Nedward Andrade presidirá la eucaristía, en la que la comunidad de jóvenes servidores, debidamente uniformados, rendirán honores al “protector de los más pequeños”. Al concluir la misa, la imagen del santo recorrerá las calles del casco central en una solemne procesión que simbolizará el valor de la juventud misionera.

​Aunque en Maracaibo su nombre es conocido con fuerza dentro de los grupos apostólicos, pocos conocen la magnitud de la hazaña de este santo adolescente. José Sánchez del Río fue, con apenas 14 años, un guerrero, en plena Guerra Cristera en México (1926-1929).

Convenció a su madre para unirse a la resistencia que defendía la libertad religiosa con una frase que hoy es leyenda: “Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo”.

La historia cuenta que en 1928 un sangriento conflicto civil en México entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y milicias de católicos (cristeros), surgido tras la promulgación de la “Ley de calles” que limitaba la libertad religiosa.

San Joselito cedió su caballo a un general para que este no cayera prisionero, sacrificando su propia libertad. Capturado por oficiales del gobierno, el joven enfrentó una tortura. Sus verdugos le desollaron las plantas de los pies con un cuchillo y lo obligaron a caminar descalzo sobre piedras y espinas hasta el cementerio local.

​A pesar del dolor extremo, cada paso que daba era acompañado por el grito de: “¡Que viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”. Su padrino, Rafael Picazo, quien ordenó su ejecución, le ofreció salvarle la vida si renegaba de su fe, pero el joven se mantuvo firme hasta que recibió el tiro de gracia en la sien a las 11:30 de la noche de un 10 de febrero.

El legado de esta joven mártir camina en fe de la ciudad. ​La presencia de su imagen en la Basílica busca inspirar a la juventud marabina bajo la premisa de que “la santidad no tiene edad”.

Para los Servidores de María, la procesión de esta tarde no es solo un acto de piedad, sino el reconocimiento a un joven que, al igual que los zulianos con su devoción mariana, no negoció sus convicciones.

​La Sociedad Religiosa y los grupos de apostolado se concentran este jueves para reconocer su fe a través del testimonio de aquel “niño cristero” que murió hace casi un siglo en Michoacán, sigue vivo en el corazón de cada niño que sirve en el altar de la Chinita.

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