La reciente adaptación de un clásico de la literatura universal, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, desató una fractura crítica entre la espectacularidad visual y la fidelidad literaria.
Mientras la técnica cinematográfica deslumbra con una estética gótica psicodélica y una increíble banda sonora de Charli XCX, la narrativa sacrifica la complejidad de clase y raza de la autora en favor de un erotismo superficial.
La directora Emerald Fennell captura las sensaciones que experimentó al leer el libro a los catorce años. Su trayectoria avala esta inclinación hacia la subversión visual y el choque narrativo. Informo así El Nacional.
Esta autoridad cinematográfica le otorgó la confianza para someter la obra de Brontë a un tratamiento estético coherente con su filmografía, aunque resulte ajeno a la sobriedad del material original.
El resultado ofrece una visión inmadura que despoja a la obra de su complejidad para convertirla en un producto de consumo.
Fennell ignora las tensiones de odio y exclusión de la novela de 1847 para centrarse en una interpretación libre. El filme cubre la estructura de la historia, pero con una colección de fetiches visuales que confunde la obsesión metafísica con la urgencia hormonal.
La directora sentencia la obra al buscar una provocación sadomasoquista que intenta jugar con la expectativa del espectador.
Al eliminar las tensiones de raza eligiendo a Elordi, un actor blanco, para un Heathcliff “étnicamente ambiguo” y simplificar el conflicto, la cineasta desuella la novela. Esta decisión convierte una tragedia de clases en un drama adolescente sobre una joven que elige la riqueza frente a su alma gemela.
El diseño de producción de Suzie Davies y la fotografía de Linus Sandgren crean un mundo visualmente atrapante, pero caen en un buen gusto que contradice la suciedad espiritual de Brontë.
La película funciona para quien busca entretenimiento superficial; para quien respeta la literatura, representa un insulto. Al final, Fennell pierde la ganancia de Brontë. La versión de 2026 constituye un ejercicio de estilo que falla al intentar capturar la tormenta de los páramos en un entorno de orden.
Emily Brontë escribió una obra maestra de la crueldad; Emerald Fennell dirigió un videoclip suntuoso que desaparece de la memoria en cuanto se encienden las luces de la sala.
Fuente: El Nacional
¿Deseas recibir esta y otras noticias en tu celular? Únete a nuestro grupo de Telegram https://t.me/diariolaverdad y WhatsApp https://bit.ly/3kaCQXh , Además, sigue nuestro perfil en Instagram @diariolaverdad y en Facebook y Twitter @laverdadweb