La reciente llegada del equipo de perforación Alula desde China a la región petrolera del Lago de Maracaibo reavivó la esperanza de expansión de la producción de crudo en el país, tras años de paralización por sanciones estadounidenses y falta de inversión.
La estructura, que completó un largo viaje desde China, causó expectación al pasar a pocos centímetros del puente que conecta la ciudad de Maracaibo con los campos petroleros de la costa este del lago, según una nota publicada este jueves 19 de febrero por la agencia Reuters.
Sin embargo, durante su tránsito, el equipo impactó un oleoducto, provocando fugas de crudo que tardaron meses en ser reparadas antes de su instalación definitiva. Desde entonces, el aumento en la producción es limitado.
La historia del Alula sirve como advertencia para empresas extranjeras como Chevron, que buscan expandirse rápidamente en el país y asumir proyectos de corto plazo para incrementar la producción.
Otras compañías con presencia en la nación son la española Repsol, la italiana ENI, la francesa Maurel & Prom y la China National Petroleum Corp.
El presidente estadounidense, Donald Trump, instó a empresas de su país a invertir hasta 100.000 millones de dólares para reconstruir una industria petrolera que sufrió dos décadas de descuido y subinversión durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Washington comenzó a flexibilizar sanciones, emitiendo licencias que permiten a las compañías exportar, importar, invertir y operar en proyectos de petróleo y gas dentro de Venezuela.
Según ejecutivos de compañías con activos en el país, estas expansiones iniciales podrían sumar hasta 500.000 barriles por día en seis meses, sobre una producción actual de 1 millón de barriles diarios
El secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, señaló recientemente desde Caracas que espera un “aumento dramático” en la producción en los próximos meses, producto de un “progreso tremendo” en el país.
A pesar de un incremento del 17 % en 2025, la producción sigue siendo una fracción de los más de 3 millones de barriles diarios que el país llegó a extraer en 1998.
Mientras tanto, Houston y las regiones petroleras venezolanas se movilizan ante lo que algunos consideran una de las mayores oportunidades de reparación y expansión en la industria energética global, comparable a los esfuerzos de reconstrucción en Irak y Kuwait tras conflictos bélicos.
Los proyectos iniciales incluyen el uso de equipos ya presentes en el país, la rehabilitación de pozos y plantas de crudo subutilizadas, y la reparación de infraestructura portuaria y oleoductos operados por Pdvsa.
Sin embargo, incluso estos proyectos relativamente sencillos enfrentan desafíos importantes, según trabajadores y analistas del sector.
Un ejemplo es China Concord Resources Corp, que trasladó el rig Alula y busca aumentar la producción combinada de crudo ligero y pesado a 60.000 barriles diarios para finales de este año, frente a los 16.000 barriles en diciembre, mediante un programa de 1.000 millones de dólares que implica rehabilitar hasta 875 pozos inactivos.
Obstáculos como la falta de gas para mantener la presión en los pozos, pérdida de datos técnicos y problemas de transporte para los trabajadores han retrasado los objetivos.
Para Chevron, la prioridad son los barriles ligeros necesarios para diluir el crudo pesado venezolano. La empresa también deberá restaurar instalaciones clave de PDVSA, como la terminal de exportación Bajo Grande, y dragar canales de navegación en Maracaibo que no han sido atendidos en años.
Solo cinco proyectos de más de cuarenta empresas mixtas en Venezuela tienen acceso a plantas de procesamiento para crudo extrapesado del Orinoco, donde se concentra más del 80% de las reservas estimadas del país, de 303.000 millones de barriles. La falta de diluyentes y la complejidad técnica de estas operaciones mantienen elevados los riesgos y costos.
Analistas independientes señalan que muchos campos considerados agotados aún podrían incrementar su producción significativamente, siempre que se cuente con equipos, personal capacitado y condiciones legales estables. Sin embargo, la incertidumbre política y los riesgos legales siguen siendo un factor crítico para los inversionistas extranjeros.
Foto: Reuters / El Cooperante
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