Nos hemos acostumbrado

La otrora clase media perdió su calidad de vida, se descapitalizó, ya no tiene para darle mantenimiento a su casa, ni para reparar el carro, ya nada le alcanza. Lo único que hace es migrar ante la implantación del comunismo. La antipolítica hizo estragos, el odio, la división y la exclusión oficial lograron que cundiera el pánico y sobre todo la desesperanza en la población

La magnitud del daño provocado por Chávez y Maduro a Venezuela no tiene antecedentes en ninguna parte del mundo, y la imposibilidad de rectificación no tiene parangón en la historia. Nuestro desastre es único. La antipolítica hizo estragos, el odio, la división y la exclusión oficial lograron que cundiera el pánico y sobre todo la desesperanza en la población. 

Mientras tanto, nos hemos acostumbrado al masoquismo de padecer la penuria como si fuera algo rutinario. Ya las colas en las gasolineras, en los puntos de venta, la falta de billetes, los apagones, los racionamientos y la escasez de todo no perturban. La otrora clase media perdió su calidad de vida, se descapitalizó, ya no tiene para darle mantenimiento a su casa, ni para reparar el carro, ya nada le alcanza. Lo único que hace es migrar ante la implantación del comunismo. 

Que los hospitales públicos estén técnicamente cerrados y las clínicas privadas en su peor crisis. Que los seguros médicos no cubran ni la visita médica inicial. Que los medicamentos básicos no se encuentren. Que los enfermos se mueran de mengua. Mientras tanto, Maduro anuncia que somos el segundo país en ofrecer los mejores servicios médicos en el mundo. Después de todo, todos tenemos que morir, es asunto de tiempo. 

Que no haya periódicos ni televisoras imparciales. Que se tenga que soportar la antología del mal gusto, la chabacanería, la mediocridad de las interminables cadenas y programas de TV y radio, donde impera la chatarra intelectual, la soberbia, la ignorante, la mentira y el lavado de cerebro. Todos los días se debe soportar los desplantes, señalamientos y ridiculizaciones, vomitadas con alevosía, sarcasmo, sadismo y ensañamiento. 

Que existan fallas graves y diarias en CANTV, la telefonía celular privada o los medios electrónicos. Que este aislamiento se complemente con los cada vez más escasos vuelos nacionales e internacionales. Qué acerbo pesar se experimenta cuando la inmensa mayoría no se inmuta ante la debacle del país. Cuando ya le fastidia que le toquen el tema. Cuando ante una farsa electoral que el Gobierno prepara como un Carnaval, no pase absolutamente nada. Qué horrible sensación de frustración se siente cuando la tolerancia se convierte en sumisión. Que oiga quien tiene oídos… 

 

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