
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Felicia Garza triunfó durante décadas como Felipe Gil, una reputada figura de la música mexicana que llegó a ganar la OTI como compositor, hasta que a los 74 años se atrevió a cumplir un sueño, una necesidad escondida durante toda su vida; ser una mujer.
Subida en unos tacones que suman centímetros a su metro ochenta, “esta chica de 15 años de la tercera edad” recibe a Efe impecablemente arreglada y tocando una pieza al piano desde el comedor de su casa, que alberga numerosos recuerdos.
Proceso de “hipermasculinización”
Practicó fútbol, boxeo, llegó a ser cinta negra de kárate y ganó 40 kilos. De pesar 52, se convirtió en un hombre imponente, a pesar de ser un caso de intersexualidad llamada insensibilidad a los andrógenos.
“De la cintura para abajo era un hombre, y para arriba una niña”, señala Felicia, que siempre se ha sentido atraída por las mujeres.
Y en pleno cambio físico, le llegó la fama. Empezó como Fabricio, en la época del rock and roll, en la que destacaba la voz grave que todavía conserva y que le catapultó al estrellato haciendo cine, televisión y teatro por toda Latinoamérica.
En esa época tuvo una hija, la primera de varios vástagos fruto de dos matrimonios y relaciones “extramaritales”, y durante décadas siguió triunfando como Felipe Gil, cantante y compositor de un tema ganador en la OTI y muy reconocido dentro de la industria por ser directivo de la Sociedad de Autores y Compositores.
La transición
A fines de los noventa estuvo a punto de morir: “Ahí es cuando me di cuenta que me habían vencido mis angustias y miedos”.
Aprendió a maquillarse, andar con tacones y vestirse y, además, comenzó terapia hormonal. Es “una nueva pubertad, y lógicamente te quieres poner más falditas”, apunta entre risas.
“En esa transición empecé a vivir tantas cosas que nunca pude gozar en mi existencia”, recuerda.
Aun sin descubrirse ante la sociedad, decidió terminar con su última mujer, con quien llevaba más de 20 años. Se lo contó todo y esta lo aceptó. Fueron varios años en los que, además de su pareja y amante, fue su mejor amiga.
Unos meses después su historia saltó a los tabloides y un “acérrimo enemigo” de la Sociedad de Autores quiso usarlo en su contra.
Entre la espada y la pared, Felicia se descubrió ante el mundo en septiembre de 2014 como una mujer transgénero de 74 años, culta, despampanante y sin tapujos.
Elegante mujer
Este mes estrenó un monólogo teatral, escribe su biografía y ha recibido ofertas para hacer pasarela.
Incombustible, enseña feliz su “habitación de chica”, con un guardarropas interminable, y no pierde el humor ni contando sus intimidades: “Si me gustaran los hombres” me cambiaría de sexo.