Expertos aseveran que petroleras de EE. UU. “no entrarán” pronto en Venezuela

Venezuela posee mayormente un crudo extrapesado que requiere tecnología avanzada y grandes inversiones para ser explotado, por lo que se requeriría una inversión de capital de entre 8.000 y 9.000 millones de dólares anuales por los próximos 14 años

Foto: Agencias

Tras el ataque militar de Washington que llevó a la detención de Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump insistió en que su deseo ahora es que las grandes petroleras estadounidenses vuelvan a extraer petróleo del país.

Sin embargo, lejos del entusiasmo que sugiere el discurso político, el ánimo dentro de la industria petrolera es cauteloso. La incertidumbre respecto al futuro de Venezuela, sumado a la alta suma de inversión requerida para que el país vuelva a los niveles de producción de los años 90, mantiene -por ahora- a los pesos pesados a la orilla.

Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de crudo del mundo: unos 303.000 millones de barriles, equivalentes al 17 % del total global. La mayor parte se encuentra en la Faja del Orinoco, en forma de crudo extrapesado que requiere tecnología avanzada y grandes inversiones para ser explotado.

En los años 90, el país producía cerca de 3,5 millones de barriles diarios. Hoy apenas ronda el millón. Las sanciones internacionales -lideradas por Washington-, junto con una pobre gestión gubernamental y la crisis económica llevaron a un profundo deterioro de la industria en el país.

Revivir el sector y aumentar la producción requeriría una inversión de capital de entre 8.000 y 9.000 millones de dólares anuales por los próximos 14 años, según un análisis publicado este lunes 5 por la firma Rystad Energy.

Como explica Mark Jones, catedrático de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Rice en Houston (Texas), “el horizonte temporal para el tipo de inversión del que estamos hablando en Venezuela se mide en décadas, no años”.

Chevron es la única petrolera estadounidense que aún tiene operaciones en Venezuela, después de que en 2007 el expresidente Hugo Chávez nacionalizara los últimos yacimientos petroleros operados por el sector privado, obligando a las grandes compañías extranjeras a aceptar un control mayoritario del estado, a través de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) o abandonar el país.

Incluso con la participación de Chevron —cuyas empresas mixtas aportan alrededor del 27 % de la producción nacional, unos 242.000 barriles diarios— Venezuela sigue siendo un actor marginal, con menos del 1 % del suministro mundial.

Contrario a lo que afirma Trump, un leve aumento de la producción de crudo en Venezuela a corto plazo tendría un impacto “mínimo” en el mercado y los precios del petróleo, aseguran expertos, especialmente en un contexto en el que el petróleo está a su valor más bajo desde 2020, a un promedio de 69 dólares el barril.

“Una parte importante de la base política de Trump está en contra de una intervención extranjera y una de las maneras que tiene el presidente para intentar calmarlos es diciendo que (la intervención en Venezuela) es beneficiosa para la economía de EE. UU.”, indicó Jones.

La incertidumbre sobre el futuro político del país, el recuerdo de un pasado de políticas de nacionalización de activos extranjeros y el bajo precio del barril mantienen a las grandes petroleras, como ExxonMobil y ConocoPhillips, escépticas sobre una vuelta a Venezuela.

Incluso desde antes de que EE. UU. interviniera y depusiera a Maduro, la Casa Blanca ya estaba teniendo conversaciones con las petroleras y se encontraron con la misma respuesta de ahora: no tenemos deseo de invertir en Venezuela, de acuerdo con reportes en CNN y el portal politico.

Desazón para la industria local

Aunque la producción de petróleo en EE. UU. está en máximos históricos (alrededor de 13.5-13.9 millones de barriles diarios), el ritmo de crecimiento está ralentizando porque se está perforando menos, ante la baja del precio del barril y los aranceles, según datos de la Agencia de Información de Energía de EE. UU. (EIA).

Para Kirk Edwards, consejero delegado de la empresa energética con sede en Odessa (Texas), la insistencia de Trump por invertir en Venezuela envía el mensaje errado a los productores estadounidenses.

“Estamos enviando nuestros empleos y ganancias al extranjero, en lugar de mantener precios adecuados en Estados Unidos para que nuestra gente pueda seguir perforando”.

 

 

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