Familiares de presos políticos cumplieron este miércoles 4 de noviembre 300 días de permanencia ininterrumpida en un campamento a las afueras del centro de reclusión El Rodeo I, en el estado Miranda.
Los familiares se instalaron el 8 de enero, tras el anuncio de excarcelaciones que hizo el presidente de la Asamblea Nacional (AN), el chavista Jorge Rodríguez.
Según el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve), desde entonces enfrentaron “incertidumbre”, “promesas incumplidas” y denuncias de violaciones de derechos humanos.
Los parientes llaman al sitio el “Campamento de la Dignidad”. Según la oenegé, más de cien familiares han pasado por él, entre carpas, vigilias y oraciones.
Clippve afirmó que la presión de los familiares permitió conquistar varios logros. Entre ellos, la excarcelación de “cerca de un centenar” de presos políticos de El Rodeo I y la recuperación de las visitas presenciales.
La organización no gubernamental sostuvo que algunos reclusos pasaron meses y hasta más de dos años sin abrazar a sus seres queridos. Los familiares también lograron que dejaran de ponerles capuchas negras a los reclusos al ingresar al penal.
El Clippve afirmó que las denuncias desde el campamento rompieron el aislamiento carcelario y dieron a conocer las condiciones de reclusión en la cárcel, señalada por graves violaciones de derechos humanos.
El campamento también es, según la oenegé, un lugar de memoria. Allí recuerdan a Carmen Navas, quien dedicó sus últimos días a exigir justicia por su hijo, Víctor Hugo Quero, fallecido bajo custodia del Estado.
Agregó que aún quedan presos políticos en el penal y que la lucha continúa “hasta que puedan volver a casa”.
La abogada Tamara Suju denunció el 3 de noviembre que unos 114 presos políticos en El Rodeo 1 consumen agua con sabor a gasolina y coliformes fecales. Según su denuncia, los directivos del penal se oponen a que los familiares lleven agua potable.
Fuente: Monitoreamos
300 DÍAS | Familias cumplen 300 días de lucha, protección y dignidad frente a El Rodeo I
Este miércoles #4Nov, familiares de presos políticos alcanzan 300 días de permanencia en el campamento instalado a las afueras de El Rodeo I, estado Miranda, donde han sostenido una lucha por la libertad y los derechos de sus seres queridos.
Llegaron el 8 de enero, tras el anuncio de excarcelaciones realizado por Jorge Rodríguez. Desde entonces, han enfrentado la incertidumbre, las promesas incumplidas y graves denuncias de violaciones de derechos humanos, pero también han conquistado derechos gracias a su organización y perseverancia.
Durante estos 300 días, cerca de un centenar de presos políticos han sido excarcelados de El Rodeo I. El esfuerzo sostenido de las familias ha contribuido a romper el aislamiento, recuperar las visitas y conquistar el derecho a abrazar a sus seres queridos después de meses y, en algunos casos, más de dos años de separación.
También lograron que dejaran de ponerle las capuchas negras con las que eran obligados a ingresar al penal, una práctica de intimidación que buscaba imponer el miedo y ocultar lo que ocurría detrás de sus muros. Sus denuncias han contribuido a que el mundo conozca las condiciones de reclusión de una prisión señalada por graves violaciones de derechos humanos e identifica como un centro de tortura de la administración de Delcy Rodríguez.
El Campamento de la Dignidad se convirtió en un escudo de protección para los presos políticos y en un espacio de refugio, solidaridad y acompañamiento para más de un centenar de familiares que encontraron allí una segunda familia. Entre carpas, vigilias, oraciones y denuncias, transformaron la espera en una exigencia colectiva de libertad.
También es un lugar de memoria. Allí permanece la historia de Carmen Navas, quien dedicó sus últimos días a exigir justicia por su hijo, Víctor Hugo Quero, fallecido bajo custodia del Estado. Su dolor y su valentía representan a tantas madres y familiares que murieron esperando respuestas y justicia.
Durante estos meses, las familias enfrentaron el miedo impuesto por el terrorismo de Estado y demostraron que la organización, la solidaridad y la defensa de la dignidad humana pueden desafiar el silencio y la represión. Frente a un poder que utiliza el terror para sostenerse, respondieron con valentía y determinación, dejando en evidencia que el miedo también habita en quienes pretenden imponerlo.
Hoy, las familias no son las mismas que llegaron aquel 8 de enero. Han conquistado derechos, construido vínculos y transformado su sufrimiento en una fuerza colectiva que trasciende los muros de la prisión.
En El Rodeo I se ha gestado algo mucho más grande que un campamento: una comunidad de víctimas que convirtió el amor en protección, el miedo en valentía y el dolor en una fuerza colectiva que abre paso a una nueva etapa de lucha por la libertad, la verdad y la justicia.
Porque todavía quedan presos políticos detrás de esos muros, familias que esperan volver a abrazarlos y hogares que siguen aguardando su regreso. Por todos ellos, esta lucha continua hasta que puedan volver a casa.
Su huella queda plasmada en la memoria de Venezuela.
La memoria permanece. La lucha continúa.
#LiberenALosPresosPolíticos #QueSeanTodos
— Comité por la Libertad de los Presos Políticos (@clippve) November 4, 2026
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