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Los conceptos de izquierda y de derecha, marcan la agenda de los partidos políticos en los principios de su filosofía de acción. Eso, de llamar “izquierda” o “derecha” tiene desde sus propios orígenes una naturaleza sesgada y simplista. Aunque estos conceptos no sean idóneos para definir la identidad política de los ciudadanos, el hecho es que son frecuentes para posicionar posturas ideológicas.
En la Revolución Francesa dos partidos se disputaban el poder. Por un lado, a la derecha de la Presidencia, los Girondinos, un partido moderado que propugnaba con derecho el sufragio no universal, del que excluía a las clases no proletarias y que defendía la alianza con la nobleza para establecer en Francia una monarquía parlamentaria. Por el otro a la izquierda, los Jacobinos, un partido de radicales, que defendían el sufragio universal y la instauración de una República. De allí nació el término de izquierda y de derecha en el ámbito de las ideologías.
Los jacobinos crearon bajo su poder, la “revolución del terror” que dirigió Robespierre, quien ejecutó en la guillotina a muchos adversarios y a la caída del terror fueron guillotinados de igual manera. Para la época existía “El Contrato Social” propuesta de organización democrática realizada por Rousseau; él afirmaba “que el poder que rige a la sociedad es la voluntad general que mira por el bien común de todos los ciudadanos. La moral y la razón se hacen evidentes en la sociedad, al establecer un modelo normativo capaz de crear un orden social que evite la dominación de unos sobre otros y que involucre una representación participativa de todos los miembros de una sociedad”.
Robespierre, interpretó a Rousseau de manera malévola, generando según los historiadores, una “transfiguración monstruosa” del contrato social, en lo relativo a las condenas a muerte o al exilio de los que traicionan la voluntad general del contrato. Así a lo Robespierre, llegaron Lenin, Stalin, Mao, Fidel, Hitler, Mussolini el “comandante eternamente enterrado” y su engendro heredero. La ideología de los pueblos es “calidad de vida”, libertad, una sociedad justa, y un Estado de derecho consolidado. A Fukuyama, su obra “El fin de la historia y el último hombre”, el tiempo le da la razón; su teoría: de que la historia humana como lucha entre ideologías ha concluido, ha dado inicio a un mundo basado en la política y economía de libre mercado que se ha impuesto a la utopía tras el fin de la Guerra Fría.