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“Mas mira bien al valle, que allegado se halla el río de sangre en la que hirviendo están los que a su prójimo han forzado”. Dante Alighieri.
El economista García Banchs nos dice que él prefiere hablar de hipermafias en lugar de hiperinflación. Sobre este término se ha empezado a especular muchísimo. Mientras algunos economistas advierten que Venezuela está en el umbral de esa situación, la banca de inversión señala que ya estamos en esa espiral diabólica en la que nadie sabe cuánto cuestan las cosas hoy y mucho menos cuanto costarán mañana.
En realidad, yo preferiría hablar de hipercorrupción ya que es el sustrato de toda decisión económica, política y social del régimen. Es que en el país se ha perdido toda noción de la ética como un apreciado valor personal y el ejercicio de la política ha convertido a la nación en un inmenso lupanar.
El Gobierno lo controla todo y por eso lo corrompe todo. El control de cambio ha contribuido a que PDVSA, el BCV y el Ministerio de Finanzas se hayan convertido en la nueva versión de Alí babá y no 40 ladrones, sino sopotocientos ladrones. Desde los delincuentes de cuello, corbata y corbatín rojos pasando por los enchufados directos e indirectos y testaferros, hasta los robapollos que dirigen los consejos comunales participan en el festín del reparto del erario nacional. A la figura de nuestro Libertador se le ha degradado al extremo que ya no sirve como unidad de cuenta, ni reserva de valor ni como medio de cambio. Ya vale más una arandela que un bolívar.
Pero la corrupción se agranda, se hincha, esa sí que se ha generalizado con los mecanismos de control: de cambio, de precios, de intereses, de importaciones, de distribución de bienes, del narcotráfico, del contrabando y otras expresiones de la desvergüenza nacional. Somos un ejemplo mundial de lo inaudito. Han vuelto polvo cósmico más de un billón de dólares (un millón de millones) y somos el país con el decrecimiento económico más profundo, con la inflación más alta, la deuda más elevada, con niveles de escasez y desabastecimiento a punto de causar una hambruna descomunal y lucimos la banda del país más corrupto del orbe. Cuando llegue el tiempo de la aplicación de una justicia justa se requerirá de muchos espacios de “retención” en el territorio. Menos mal que el infierno es mucho más amplio y en Antenora, que es la segunda división de su noveno y último círculo están aguardando por los traidores a su patria.