Verdaderos saqueos de madre

Espero que lo próximo a sacar de circulación sea a este régimen, que siempre levanta la polvareda de lo indignante y sabe coómo desdibujarle la sonrisa a la población, hasta en los días cercanos a la natividad del Señor

Si Vito Corleone tuviese la capacidad sensorial de desplazarse de la genialidad literaria y las luminarias del cine, a esta compleja realidad humana, nos diría con avezada seguridad que las mafias no pueden ser atacadas quitándole el poder adquisitivo a un pueblo atormentado de trastornos y sobresaltos.

Se contabilizaron 10 ciudades convulsas aquel desventurado viernes, con sus ánimos aniquilados y a la espera de recobrar la justicia de sus dineros desvalorizados. Tramar la eliminación del billete de 100 bolívares en el pandemónium decembrino, siendo el papel moneda de mayor denominación en el bolsillo venezolano y que cubre la mitad de lo circulante, sirvió de detonante perfecto a la consternación popular.

Que el mandatario nacional asegurase con sus frases inciertas de acabar a través de la invalidación de este billete, con el inquebrantable agravio fronterizo, las mafias imaginarias contra el Gobierno y emprender el camino imperturbable para sincerar la economía, solo generó la cotidiana quebradura de nervios de una nación constipada en desalientos. Desde el pasado viernes, una gran cantidad de comercios han sufrido los embates de saqueos en la ciudad de El Callao. Varias como Cumaná, Valera, San Cristóbal, Maturín, Santa Elena de Uairén, Maracaibo y otras tantas, evidenciaron igual irregularidad.

Existe una realidad inexorable. El verdulero de la esquina, las unidades de transporte público, taxistas y una gran variedad de establecimientos carecen de punto para el dinero electrónico, a sabiendas que por lo menos 40 por ciento de los venezolanos no poseen tarjetas de débito o  cuentas bancarias. De repente, tras convertir el país en un hervidero, Maduro decidió revivir el sábado, en plena transmisión televisiva, a los tan mancillados 100 bolívares y le dio oxígeno hasta el dos de enero, mientras en el estado Bolívar -casualmente lleva el nombre de nuestra moneda- la consternación se revuelve entre desmesurados saqueos, que no perdona ni a los hogares.

Había prometido no escribir la semana previa a Navidad, sobre la política desestimulante de mi país. Pero ni para estas fechas de paz, quienes gobiernan esta nación dejan de despilfarrar sus detestables desdichas al por mayor. Espero que lo próximo a sacar de circulación sea a este régimen, que siempre levanta la polvareda de lo indignante y sabe cómo desdibujarle la sonrisa a la población, hasta en los días cercanos a la natividad del Señor. 

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