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La lucha por la vida de Daniela Soto terminó después de 15 días de nacida. Arianny Tiel, madre de la recién nacida, lamentó la pérdida de su niña, que achaca a la "negligencia médica". Recomendó a quienes tienen niños internados en el hospital Doctor Armando Castillo Plaza, llevarlos a otro centro de salud.
Su segunda hija murió el viernes en la tarde, a causa de una infección. Tiel recordó que a diario veía salir del recinto hasta tres cadáveres de infantes. "Así como los ves entrar vivos, los ves salir muertos", aseguró entre sollozos, en un contacto telefónico con La Verdad.
Daniela de los Ángeles Soto llegó al mundo el 22 de septiembre con hidrocefalia y columna bífida, un diagnóstico que fue advertido a su progenitora a los siete meses de su embarazo. Cuatro días después de su nacimiento, entró al quirófano y la operaron de la columna, pero 96 horas más tarde presentó un cuadro infeccioso. "Le salía pus por los puntos".
Los valores de la pequeña se descompensaron a medida que transcurrieron los días. Perdió el apetito y su piel tomó una coloración grisácea. Estaba intubada, según contó Arianny Tiel, quien mencionó cuán asustada se sintió. "Alguien me dijo que fueron las enfermeras, que no curaron bien la herida de la bebé y solo limpiaron por encima". El pasado jueves, la pequeña paciente reaccionó positivamente al tratamiento y logró respirar sin ayuda de las máquinas.
La médico tratante llamó a Tiel el viernes a las 3.30 de la tarde y le avisó que su hija se había complicado. Treinta minutos después, dictaron su deceso, causado por la infección. Por falta de un yelco, no le colocaron los medicamentos. "Pasé el día en el hospital y no me dijeron nada del yelco". La familia Soto Tiel entró en un silencio profundo y sostuvo que la bebé estuvo bien sus primeros días.
Desatención hospitalaria
"Las enfermeras me llamaban la peleonera". Arianny Tiel se acordó que en ocasiones la niña tenía el pañal repleto de orina o de heces y las encargadas no se lo cambiaban. Acusó que a la neonata no la metieron en una incubadora al salir de la operación.
Los allegados de la paciente son de escasos recursos, aunque buscaron la manera de lograr el nacimiento de la niña. Luis Soto, su padre, quedó desempleado y se movilizaba hacia La Curva de Molina a trabrajar en lo que salga o a pedir para costear los gastos de la cesárea. A diario debían comprar todos los insumos quirúrgicos y los medicamentos que combatían la infección del infante. "En un día hasta compramos 18 jeringas y aún así, dejaron que muriera".
En los próximos días, los parientes de Daniela de los Ángeles recibirán el resultado de un examen, en el que determinarán si la bacteria la adquirió en el hospital.