La renuncia del presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, es un serio ejemplo que debiera seguir el Presidente de Venezuela Nicolás Maduro, sobre cuyo gobierno pesan centenares de denuncias sobre corrupción
La renuncia del presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, ante la crisis política que estalló en esa república andina por acusaciones de todo tipo en su contra, y en las cuales está involucrada la empresa brasilera Odebrecht, por hechos similares ocurridos en Venezuela, nos deja ver la lectura más positiva en cuanto a lo que es la decencia política de un mandatario que, abrumado por la situación, se declara inocente de todos los cargos, pero admite que prefiere renunciar a su condición de Presidente para no constituirse en un “escollo para la unidad del Perú”.
Esta renuncia es un serio ejemplo que debiera seguir el Presidente de Venezuela Nicolás Maduro, sobre cuyo gobierno pesan centenares de denuncias sobre corrupción, muchas de las cuales relacionadas con la constructora del país vecino.
Maduro, no sólo no renuncia, sino que pretende seguir en el poder por 6 años más, convocando unas elecciones anticipadas, fraudulentas a todo evento, de las cuales nadie tiene dudas que ganará; porque es incomprensible que un Presidente a quien más del 85 por ciento del país rechaza, llevando a la nación a la más grave crisis económica, social y política de toda su historia, no hay forma posible que pueda recibir un voto del pueblo que muere de hambre y de mengua.
Maduro con sus torpezas, sus desaciertos, su desacreditado e incompetente gabinete Ejecutivo, una cáfila de buenos para nada, se puede decir que ha acabado con la República de Venezuela y pretende terminar de echar abajo lo que aún queda en pie.
En la historia de los países democráticos del continente y del mundo sobran los ejemplos de Presidentes con entereza moral y profunda convicción democrática que renunciaron a sus cargos.
La histórica renuncia del Gran mariscal Antonio José de Sucre a la presidencia de Bolivia, es memorable.
“En el retiro de mi vida veré mis cicatrices, y nunca me arrepentiré de llevarlas; cuando me recuerden que para formar a Bolivia preferí el imperio de las leyes a ser el tirano o el verdugo que llevara una espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos”. Algo parecido a las palabras expresadas este miércoles por Pedro Pablo Kuczynski.
Presidente Maduro, este venezolano, que a lo mejor no significa nada para usted por su concepción totalitaria de la vida y de la política, angustiado por el desastre en que nos ha metido a toda la sociedad venezolana, le solicita nuevamente que renuncie a su cargo, Este pueblo no lo quiere más y usted lo sabe. No extienda el sufrimiento de toda una nación. Compadézcase de Venezuela.