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Venezuela, balance febrero 2020

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Transcurre otro mes, la sensación de inamovilidad del conflicto luce inevitable, más allá de un deterioro de la situación social con dos elementos aumentando su importancia. Por un lado, la creciente tensión entre la “burbuja” y el resto de la población sumida en la miseria, por el otro lado la violencia tomando más espacios en el país. Ambos factores son síntomas de un aspecto estructural difícil de revertir, la incapacidad del Estado de gobernar, de ofrecer soluciones reales a los problemas económicos y sociales. Muchos de los otros elementos que se puedan analizar son accesorios al lado del problema fundamental, el Estado venezolano es frágil, y frente a eso solo se puede esperar mayor caos.

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En el plano político, Juan Guaidó regresó de la gira internacional, la cual sin duda fue mediáticamente exitosa. Sin embargo, a finales del segundo mes del año nada parece haber cambiado sustancialmente, físicamente la Asamblea Nacional sigue en manos de una directiva paralela, la estrategia electoral marcada por el oficialismo parece seguir avanzando, y mientras tanto continúa el debate entre quienes abogan por la estrategia de las sanciones frente a los que mantienen que esa no es la vía. En este contexto, no hay un mensaje único, incluso las estrategias de la propia oposición parecen cruzadas entre sí. Esto es particularmente dañino desde el punto de vista de buscar unificar a la oposición.

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Mientras tanto, con respecto a lo económico, el dólar parece haberse estabilizado (sin duda temporalmente), y algunos se han atrevido hasta a hablar de cierta recuperación. Esto es sin duda una ilusión, nada ha cambiado sustancialmente en la estructura productiva del país como para pensar que hay una recuperación real. De hecho, la perspectiva es en sentido contrario, la estrategia de las sanciones parece seguirá siendo la jugada dominante de Estados Unidos; el coronavirus finalmente se está sintiendo en términos de su impacto económico y el sector financiero se ha derrumbado. Así, la tormenta perfecta económica (sanciones y recesión mundial) sin duda tendrá un gran impacto en el país.

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A lo anterior se debe sumar que la elección presidencial en los Estados Unidos está entrando en sus meses más movidos, por lo que la atención de la opinión pública estará centrada en el evento electoral. De igual manera, el conflicto en el Medio Oriente se acentuó en febrero, marcando también la atención de Rusia e Irán, este último además con conflictos internos. Europa, por su parte, está enfocada en el post brexit, la recesión alemana, y la presión migratoria producto de la agudización del conflicto en Siria. Venezuela, por mucho que se intenté mostrar lo contrario, dejó de ser prioridad en la agenda mundial, como pudo llegar a serlo para estas fechas el año pasado.

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Luego de transcurrido el mes de febrero, no se observan mejoras en el contexto venezolano. De hecho, se pudiera decir que la propia inercia del conflicto deja al país en una peor situación que hace un mes. No se debe olvidar que el tiempo que transcurre sin una solución significa mayor migración forzada, más niños sin una salud y educación adecuada, con personas muriendo por falta de atención, y muchos otros problemas sociales que se van agudizando en un espiral descendente. En Venezuela sigue faltando el elemento desequilibrante, el factor que termine de romper la inercia, el cual en este momento luce más probable provenga de un “cisne negro” como el coronavirus que de algún factor político.

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La historia está llena de eventos que no se preveían, factores que no estaban contemplados en los análisis y terminaron marcando la diferencia. Venezuela en este momento necesita urgentemente uno de esos factores, pues lamentablemente desde el punto de vista estructural, de lo que se derivan las probabilidades de un cambio de rumbo, parecen haberse estabilizado en torno a un equilibrio marcado por la violencia y el crimen, la anomia civil, y un sistema económico paralizado. Los meses siguen pasando, y con ellos el que no pase nada favorece a ese equilibrio perverso. Quizás marzo traiga ese evento imprevisto que cambie el rumbo de los acontecimientos.

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